Un cuento ~ El campesino que jugó a ser Dios

Un día un campesino encontró a Dios y le dijo:

– Tú has creado el mundo pero no eres un campesino, no conoces la agricultura. Tienes mucho que aprender.

Dios le preguntó:

– ¿Cual es tu consejo?

– Dame un año y deja que las cosas ocurran tal y como yo quiero. La pobreza no existirá nunca más.

Dios aceptó. Naturalmente, el campesino pidió lo mejor: ni tormentas, ni ningún tipo de peligro para el grano. El trigo crecía y el campesino era feliz. Todo era perfecto.

Al final del año, el campesino encontró a Dios y le dijo, orgulloso:

– ¿Has visto cuánto trigo tenemos? ¡Habrá comida suficiente por 10 años sin tener que trabajar!

Sin embargo, cuando recogió el grano, se dio cuenta de que estaban vacíos. Desconcertado, le preguntó a Dios qué había pasado, a lo que este respondió:

– Has eliminado los conflictos y las fricciones, así que el trigo no terminó de germinar.

Los problemas son parte de la vida, nos hacen fuertes, nos convierten en personas resilientes. Los días de tristeza son tan necesarios como los días de felicidad porque nos permiten crecer. Por tanto, es mejor dejar de quejarse y de sentirse miserable por las dificultades, estas son oportunidades para aprender a ver la vida con otros ojos.

Cuento budista.

Una de las leyes del Universo es la del Ritmo, “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.” Esta es la manera cómo podemos conocer lo bueno de la vida, tras pasar por los obstáculos, cómo conocemos la luz a través de la obscuridad.

¿Por qué renacer y despertar?

❝ Aunque sientas el cansancio;
aunque el triunfo te abandone;
aunque un error te lastime;
aunque un negocio se quiebre;
aunque una traición te hiera;
aunque una ilusión se apague;
aunque el dolor queme los ojos;
aunque ignoren tus esfuerzos;
aunque la ingratitud sea la paga;
aunque la incomprensión corte tu risa;
aunque todo parezca nada;
¡VUELVE A EMPEZAR! ❞
~Cecilia Prezioso

Desplegar mis alasEstamos inmersos en una realidad cósmica fluctuante, donde se aplican invariablemente y a cada momento sus siete leyes universales. Una de ellas es la de la ciclicidad y siempre que nace algo en el otro extremo debe haber expirado algo para dar origen a eso otro nuevo. La mejor metáfora es la oruga que se convierte en mariposa.

Generalmente los cambios son imperceptibles, pero lo único que no cambia, como sabemos, es precisamente el cambio. Vamos cambiando nuestra piel, va cambiando el mundo, vamos nosotros cambiando de actitud cuando nos damos cuenta de ciertas circunstancias que anteriormente no veíamos y que de pronto… tenemos lo que Oprah Winfrey dice: el “aha-moment” o ese insight, que es la luz de tu alma que te avisa que vas por el camino correcto.

Todos o casi todos deseamos dejar atrás aquellos momentos incómodos que nos han hecho sufrir, aquellos momentos en que hubiéramos deseado no ser nosotros mismos porque hemos causado un mal a alguien o por el contrario han sido mezquinos con nosotros y hemos sufrido. Felizmente la Vida nos va dando constantemente esas “segundas oportunidades”, que en realidad son terceras, cuartas y cuantas veces sean necesarias hasta que hagamos lo que es correcto y realicemos aquello para lo cual hemos venido a efectuar en este mundo y así alcanzar nuestra Maestría del Alma.

Somos perfectibles, cayendo una y otra vez, pero necesariamente por nuestro propio bien con ese empuje y energía para levantarnos y continuar. Estamos viviendo en un momento cósmico, una Nueva Era en la que ya el Ser Humano debe estar despierto, es el imperativo que el alma dicta: “¡Despierta!”.

Cada uno de nosotros tenemos desde nuestras habilidades e impulsos internos un derrotero, un camino que recorrer y la Vida, el Cósmico, Dios o como tú gustes llamarlo es tan amoroso que es a través de los deseos que nos van guiando por ese sendero. Los deseos son esos murmullos que nos susurra el destino en el subconsciente anhelando convertirse en realidad.

Por ese motivo me aferro a ese bicho mío de escribir lo que sale del alma, que es para mí como asirme a la vida, como un espacio para gritar sin hacer bulla, para soltar y sin ningún asomo de vergüenza sacar desde lo más hondo aquello que dentro de mí se crea con el pensamiento y sobre todo con el sentimiento y que por derecho de conciencia debe salir con libertad y cómo no, para compartir, desde luego, algunas experiencias de la manera más genuina y algo de lo que conozco o haya practicado por si a alguien le pueda ser de utilidad o de distracción al menos.

Como eterna aprendiz y discípula he caído y me he levantado, he tenido aciertos y desaciertos, la vida es una montaña rusa, por eso “volver a empezar” es renacer, ser como aquella mítica criatura, el Ave Fénix y renacer de nuestras cenizas, no importa cuántas veces hayamos tocado fondo, si lo deseamos y si tenemos la voluntad que todo cambie a nuestro favor es necesario tener la capacidad de la resiliencia, de integrar nuestras luces y nuestras sombras y reconstruirnos, rediseñarnos hasta lograr lo que queremos. Sí, podemos continuar con un nuevo escenario, nuevos impulsos y nuevas ganas de alcanzar lo que realmente deseamos.

Te invito entonces a renacer y despertar y adquirir juntos esa “Maestría del Alma” para ser cada quien dueño auténtico del propio destino.