Espirales

Hacia el Ser

Acabo de leer una frase estupenda, de George Macdonald en su “England’s Antiphon”: ❝Ya que los movimientos en la vida humana van en espiral, cada vez volvemos al punto de partida, regresando a nuestras huellas previas, sólo que a un nivel superior, en el siguiente anillo de la ascendente espiral, de forma que es un avanzar y retroceder, siempre, y los dos a la vez❞.

Y es que me trae a colación que en esta parte de mi vida, según reviso mi diario de algunos años pasados, estoy viviendo casi exactamente lo mismo, casi las mismas situaciones, los mismos problemas no resueltos y antes de leer esa frase me aterraba pensando que no me he superado nada, sin embargo, en mi fuero interno sé que sí he logrado ciertos avances a nivel espiritual y existencial.

También estoy leyendo algunas monografías de los Rosacruces y el tema era sobre el arte de la concentración, que no es lo mismo que la atención. Y me agrada comprobar que eso fue lo que hice, ya que quién diría que lo que más me gustaba en aquellos años pensando a veces que perdía el tiempo, daría sus frutos posteriormente.

Puedo darme cuenta que cada acto y cada circunstancia son derroteros hacia un nuevo nivel de consciencia. La mejor inversión que se puede hacer es en nosotros mismos, el autoconocimiento no tiene precio. Como leí en “De las vacas sagradas se hacen las mejores hamburguesas”

❝Cuanto más sepamos de nosotros mismos, más comprenderemos las maneras cómo aprovechar al máximo nuestros puntos fuertes. Todos los especialistas coinciden que la característica más importante de un buen líder es conocerse a sí mismo. Es bueno leer, informarse, pero más importante es dejarse llevar por esa voz interior, la intuición, sin dejar que la mente interfiera, porque la mente divide, sesga para poder comparar, es su función. Lo que necesitamos nosotros ver el panorama en su conjunto y de eso se encarga el corazón o la sabiduría interna.

Conocernos a nosotros mismos tiene una relación estrecha con el éxito en nuestras vidas, esto parece obvio, porque mientras sepas hacia dónde te dirigen tus propios deseos y sueños, sabrás el camino a seguir y todo te resultará más fácil, no importa cuántos obstáculos y qué tan pesados se presenten en tu sendero. Sin embargo, no todos practicamos esto. Es bueno, por no decir necesario, dedicar unos minutos al día, preferiblemente muy temprano por la mañana o antes de dormir, a la práctica de la introspección.❞

Por algo, grandes empresas como AT&T, Pepsico y Hoechst, a mediados de los noventa comenzaron a inscribir a sus empleados a cursos que fomentaban la introspección como parte de sus programas de desarrollo gerencial. Esto dice mucho, porque se dan cuenta de los grandes beneficios que otorga la introspección y si queremos ir mucho más allá, la meditación, que es una introspección mucho más profunda y consciente.

De niña y adolescente, me hacía preguntas algo tontas como por qué habría Dios querido crear un mundo, un sistema donde había tanto sufrimiento o por qué habría creado la guerra, el hambre, la pobreza, la enfermedad.  Ahora sé que es el mismo ser humano con su ego, con su mente quien ha provocado todo eso.

Y “reflexionaba” apuntando en mi diario personal lo siguiente, aún mucho antes de la trilogía de Matrix: “Me imagino a Dios frente a un televisor matándose de risa con la condición humana o sufriendo cual culebrón con la miseria humana.  O de repente, como ya creó este Universo hace tanto tiempo, este ya se descompuso y por eso las cosas se le escaparon de las manos y por eso es que se desdobla en los cíclicos Avataras para que de vez en cuando trate de componer y redireccionar a esta Humanidad adolescente.  Y ahora está entretenido con la formación de nuevos Universos, que serían los Universos Paralelos de los que hablan los científicos.  Pucha, quién sabe, pero sí sé que es bien bromista: a mí me ha jugado varias pasadas, por eso me cae bien, porque es original”.

De esto hace más de tres lustros, qué falta de conocimiento, qué falta de amor, por eso no reconocía ni remotamente que “La Ley es el Amor y el Amor es la Ley”. Lo que pasa para bien o para mal sucede para que aprendamos y crezcamos. Y en el espiral de la Vida retornarán aquellas situaciones y experiencias que no fueron aprendidas en su momento. La compasión del Universo siempre nos otorga segundas y todas las oportunidades que sean necesarias para hacerlo bien. Todo tiene un por qué y un para qué. ¿Ya lo has descubierto?

Seamos felices y conscientes, aquí y ahora.

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Un cuento ~ Espejo Humeante

MultidimensionalidadHace tres mil años había un ser humano, igual que tú y que yo, que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas. Este ser humano estudiaba para convertirse en un chamán, para aprender el conocimiento de sus ancestros, pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía.

En su corazón sentía que debía de haber algo más.

Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo. Salió de la cueva a una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas. Entonces, algo sucedió en su interior que transformó su vida para siempre. Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía: «Estoy hecho de luz; estoy hecho de estrellas».

Miró al cielo de nuevo y se dio cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que es la luz la que crea las estrellas. «Todo está hecho de luz –dijo–, y el espacio de en medio no está vacío.» Y supo que todo lo que existe es un ser viviente, y que la luz es la mensajera de la vida, porque está viva y contiene toda la información.

Entonces se dio cuenta de que, aunque estaba hecho de estrellas, él no era esas estrellas. «Estoy en medio de las estrellas», pensó. Así que llamó a las estrellas el tonal y a la luz que había entre las estrellas el nagual, y supo que lo que creaba la armonía y el espacio entre ambos es la Vida o Intento. Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían. La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo, la Creadora de todas las cosas.

Esto es lo que descubrió: todo lo que existe es una manifestación del ser viviente al que llamamos Dios; todas las cosas son Dios. Y llegó a la conclusión de que la percepción humana es sólo luz que percibe luz.

También se dio cuenta de que la materia es un espejo –todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz–, y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan sólo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos. «Lo que realmente somos es puro amor, pura luz», dijo.

Este descubrimiento cambió su vida. Una vez supo lo que en verdad era, miró a su alrededor y vio a otros seres humanos y al resto de la naturaleza, y le asombró lo que vio. Se vio a sí mismo en todas las cosas: en cada ser humano, en cada animal, en cada árbol, en el agua, en la lluvia, en las nubes, en la Tierra… Y vio que la Vida mezclaba el tonal y el nagual de distintas maneras para crear millones de manifestaciones de Vida.

En esos instantes lo comprendió todo. Se sentía entusiasmado y su corazón rebosaba paz. Estaba impaciente por revelar a su gente lo que había descubierto. Pero no había palabras para explicarlo. Intentó describirlo a los demás, pero no lo entendían. Vieron que había cambiado, que algo muy bello irradiaba de sus ojos y de su voz. Comprobaron que ya no emitía juicios sobre nada ni nadie. Ya no se parecía a nadie.

El los comprendía muy bien a todos, pero a él nadie lo comprendía.

Creyeron que era una encarnación de Dios; al oírlo, él sonrió y dijo: «Es cierto. Soy Dios. Pero vosotros también lo sois. Todos somos iguales.

Somos imágenes de luz. Somos Dios». Pero la gente seguía sin entenderlo.

Había descubierto que era un espejo para los demás, un espejo en el que podía verse a sí mismo.

«Cada uno es un espejo», dijo. Se veía en todos, pero nadie se veía a sí mismo en él. Y comprendió que todos soñaban pero sin tener consciencia de ello, sin saber lo que realmente eran. No podían verse a ellos mismos en él porque había un muro de niebla o humo entre los espejos. Y ese muro de niebla estaba construido por la interpretación de las imágenes de luz: el Sueño de los seres humanos.

Entonces supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido. Quería acordarse de todas las visiones que había tenido, así que decidió llamarse a sí mismo «Espejo Humeante» para recordar siempre que la materia es un espejo y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo: «Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros. Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú, el soñador».

Fuente:
Cuento de la sabiduría Tolteca, extracto de “Los Cuatro Acuerdos” de Miguel Ruiz.