Plenilunio de Tauro: ¡Feliz Wesak!

FelizWesak

Hoy es un gran momento para bendecir a la Tierra y unir nuestras mejores intenciones para que la Humanidad vaya en camino de su ascenso, pues las Fuerzas de Iluminación se ponen en actividad en festivales como el de Wesak que celebramos cada plenilunio de Tauro. Este día también es conocido como el día de la Protección.

Me emociona la idea de unirme -desde siquiera alguno de mis planos- a todos los discípulos del orbe que están irradiando amor y sabiduría para cada habitante del mundo. Es el encuentro de los discípulos con el Gran Señor Gautama, el Buddha, Maitreya y el Maestro Jesús, el Cristo.

Tal como lo recomendado, hoy ya estoy realizando ayuno y vistiéndome con ropas claras, orando y expresando el Gayatri Mantra y a las doce del mediodía y a las cinco de la tarde La Gran Invocación.

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,
Que afluya luz a las mentes de los hombres;
Que la Luz descienda a la Tierra.
Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones de los hombres;
Que Cristo retorne a la Tierra.
Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;
El propósito que los Maestros conocen y sirven.
Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.
Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

Entonces…

¡F E L I Z   W E S A K!

 

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Festival Espiritual Ásala y Día Mundial de la Gran Invocación

Festival de Asala

Como sabemos, el flujo continuo de las energías espirituales alcanza su punto máximo en los ciclos de luna llena. Son en estos momentos que podemos alcanzar, especialmente como grupo (a nivel humanidad), las energías espirituales que normalmente no disponemos habitualmente.

Son tres los festivales espirituales que nos dan esta oportunidad. Ya hemos pasado dos: El de Pascua o Cristo y el de Wesak o Buddha. Hoy celebramos Ásala o de Buena Voluntad que nos ofrece un momento único para invocar las afluencias de luz y amor. La energía del amor y el expansivo poder de la alegría característicos de la Era de Acuario van en aumento, aunque suene contradictorio en un mundo marcado por el estrés y la tensión de la vida agitada de hoy añadido a las diversas crisis que enfrenta actualmente la humanidad.

Nuestro camino de aproximación, entonces, a estas esferas o realidades superiores se nos facilita como un canal iluminado a través del cual podemos acceder y permiten anclarse en la Tierra y ser irradiadas a través de las mentes y corazones de toda la humanidad.

El propósito es ampliar la percepción y apoyar la creciente conciencia de la unidad de toda vida y nuestras responsabilidades frente a esta.

El Festival de Ásala o de la Humanidad, celebra la buena voluntad innata de la humanidad, tiene lugar en la luna llena de Géminis. Este es el Festival de nuestra aspiración básica hacia la unidad humana y espiritual. Da voz al profundo clamor invocador a la Jerarquía espiritual por luz, amor y voluntad al bien. Este Festival también es conocido como Día Mundial de Invocación, con énfasis especial en la utilización de la Gran Invocación a escala mundial.

Este Festival de Luz es presidido astralmente, desde los Himalayas del norte, por el Señor Maitreya, quien se convirtió en un Iluminado hace ya muchas centurias. Luego de un sencillo ceremonial se dispone a recitar las enseñanzas del Buddha y su sermón sobre la Verdad y a dar una explicación sobre ellas.

Este Festival de Ásala es propicio para la meditación de la siguiente reflexión: “Reconozco mi otro yo, y al debilitar ese yo, crezco y brillo”. Utilizando la imaginación creadora podemos visualizar las energías de Luz, Amor y Voluntad al Bien fluyendo por todo el Planeta y anclándose a la Tierra, a través de los centros en el plano físico por medio de los cuales el Plan puede manifestarse.

Podemos afirmar, igualmente:

“En el centro de todo Amor, permanezco. Desde ese centro, yo el Alma, surgiré. Desde ese centro, yo el que sirve, laboraré. Que el Amor del Ser Divino se derrame por todas partes, en mi corazón, a través mío y al mundo entero”.

El Día Mundial de la Gran Invocación
En el Día Mundial de Invocación es un día de plegaria y se utiliza la Gran Invocación para llamar a las energías espirituales de Luz, Amor y Propósito. Este Día se ha estado celebrando anualmente desde 1952.

Necesitamos Luz para revelar el camino a seguir; Amor para llenar nuestros corazones y Propósito Iluminado para guiar nuestra voluntad humana. Estas energías divinas están disponibles en abundancia –podemos invocarlas ahora, en bien de toda la humanidad, en este momento de evolución de un nuevo mundo.

Te invito a utilizar la Gran Invocación el Día Mundial de Invocación, y todos los días, con dedicación y atención plena como un servicio de Amor a la Humanidad.
Aquí la versión adaptada:

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios
Que afluya luz a las mentes humanas.
Que la Luz descienda a la Tierra

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios
Que afluya amor a los corazones humanos.
Que Cristo retorne a la Tierra

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida
Que el propósito guíe las pequeñas voluntades humanas
El propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza humana
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

Om, Om, Om

La Gran Invocación pertenece a toda la humanidad, y no a un grupo o religión en particular. Es una oración mundial, traducida a más de 72 idiomas y dialectos.

Seamos conscientes y felices, aquí y ahora.

Fuentes:
– Boletín bimensual de Lucis Trust. Mayo 2014: Tres Festivales Espirituales 2014
– Libro “Amor sigue siendo el camino” de Metafísica Sede Central y Editorial Señora Porteña
– Imágenes de la red.

Mi experiencia con Vipassana – Vol.01

❝Oh, la mente, sí la mente tiene montes,
precipicios a pico de horror,
por nadie son dados❞
— GM Hopkins

Vipassana.ExperienciaTranscurría el año 2006 e iba caminando lenta pero seguramente al precipicio de la depresión. Andaba malhumorada, intranquila, comiendo y llorando a cada rato. Lo bueno era que me aferraba al Ámbito Superior y oraba por las noches para que me otorgara prudencia, o lo que es lo mismo: ECUANIMIDAD o “Anicca” (se pronuncia “Anitcha”), para las enseñanzas budistas, y que me mostrara el camino de mi misión, de mi sentido de vida, es decir Dhamma.

Y así fue que la Vida me envió señales y felizmente supe interpretarlas, me dejé guiar y aquel 27 de diciembre del 2006 al 07 de enero del 2007 viví los diez días más provechosos y significativos en lo que iba de mi destino (luego repetiría el plato años más tarde).

Descubrí mucho y experimenté otro tanto… y es que precisamente de eso se trata Vipassana, un tipo de meditación enseñada por Sidharta Gautama, el Buddha hace 25 siglos. Vipassana es convertirse uno mismo en un observador de su propia mente y cuerpo, tal como lo haría un científico en el marco de su propio Ser.

Y practicar Vipassana fue maravilloso. Terrible, agotador, doloroso… pero maravilloso. Lo más sorprendente fue la comparación que pude hacer entre la yo renegona, cargada de negatividad en mi último día en casa con la mujer totalmente diferente el día que regresé: resplandeciente, totalmente optimista. El cambio realmente se había operado; fue como si hubiera llevado años de psicoterapia condensados en 10 días. Definitivamente me hicieron muy bien esos días de silencio profundo, aire puro y fresco y buena alimentación.

Los preliminares

Cuando llegué al punto de encuentro conocí a algunas personas que me contaron que al igual que yo habían dejado sus casas con cosas pendientes que le causaban desazón. Para quienes realizábamos por primera vez esta meditación estábamos llenos de expectativas, dudas y curiosidad.

Yo estaba enfocada en conocer bien la técnica y abierta a cualquier posibilidad. Admito que no practico con la frecuencia que quisiera. Luego del retiro, durante los diez días siguientes más o menos, me despertaba a mitad de mi sueño sintiendo las pulsaciones o vibraciones que sentía durante la Meditación.

Cuando ya llegamos al lugar del retiro (“Ut congnoscant te”) en Cieneguilla, un apacible rincón rodeado de grandes jardines, árboles y cactus graffiteados, nos dio el encuentro el guapo actor Santiago Magill, vestido de blanco y daba la impresión de ser un joven monje budista. Luego de algunas horas de espera, incluido un temblorcillo ligero y ser parte del bufet sanguíneo de mosquitos y zancudos por fin nos llevaron al comedor y nos dieron la bienvenida con un delicioso “solterito”, plato de la gastronomía arequipeña.

Terminada la cena, nos llevaron a un salón donde nos separaron por géneros y nos dieron las instrucciones finales de cómo se debía desarrollar todo: horario, limpieza de los dormitorios, código de ética, quién tocaría la campana dichosa que nos despertaría diariamente a las 4 de la madrugada y que nos avisaría por igual la hora de las comidas y el momento de apagar las luces y un largo etcétera más.

Cuando terminó Vipassana estuve considerando seriamente en convertirme en una monja budista, ya antes se me había cruzado la idea, pero antes bien lo decía por evasión, quizás, con una mezcla de búsqueda interior. Sin embargo, me encantó tanto ese estilo de vida que por aquella época creí convencida que eso era lo mío. Ahora, varios años después y luego de haber corrido mucha agua bajo el puente, me doy cuenta que se necesita coraje para afrontar la Vida y sus vicisitudes y sorpresas. Me doy cuenta que meditaciones como la Vipassana son una excelente herramienta para conservar la ecuanimidad ante estas. El mar de mi vida podrá tener olas con crestas gigantescas, pero la ecuanimidad es mi tabla de surfear. Incluso estoy enterada que ya actualmente los psicólogos recomiendan este tipo de meditación como terapia. Pero es más que eso, es un modo de ver la vida, un modo de tomar las cosas y vivir el Presente, el aquí y ahora.