Pensamientos sueltos al iniciar el año…

Entre las muchas parábolas que nos dejó el Maestro Jesús, la que más recuerdo y no solo porque -dicho sea de paso- fue la primera que leí en primer grado, sino porque hasta el día de hoy me impacta la enseñanza de que lo espiritual no está reñido con lo material, como muchas veces nos han querido que veamos así las cosas. Se trata de la Parábola de los Talentos.

Según ella, como sabemos, se nos dice que venimos a este mundo con dones particulares que debemos sacar provecho porque sino, al final, al que no produjo nada, no solo se le arrebatarán sus talentos, sino que será merecedor de un severo castigo, mientras que al que lo multiplicó, se le daría más…

Pues bien, vivimos en un mundo extraño y acelerado, que a paso vertiginoso nos va diciendo que los bienes materiales que adquirimos con algún esfuerzo ya han quedado obsoletos y debemos cambiar de prisa según lo que la sociedad de consumo exige.

Lo que no cambia, lo que es atemporal y por lo tanto real, es el autoconocimiento, la búsqueda de la verdad, el bien y tantas otras virtudes.

Es precisamente el darse un gran momento y un espacio para la introspección, para llegar a lo profundo de nuestro corazón, de nuestro Yo Interno con la finalidad de conocer cuáles son aquellas cualidades y dones innatos que poseemos para compartir al mundo.

El año que pasó perdí la brújula por ese afán hipnótico que nos envuelven los medios masivos, seduciéndonos con sus imágenes, sonidos, luces y sensaciones y de pronto me volví por un rato en una contratada más, siguiendo un horario establecido y cumpliendo los sueños de alguien más en lugar de los míos, como diría el gran Steve Jobs.

Lo mío es la divulgación de lo que antes era descrito como “esotérico”, pero que gracias a esta Era de Acuario ya no lo es más y que está literalmente a un clic de distancia, aunque aplicado a mi propia experiencia diaria, para dar fe de que puede ser práctica y posible.

Lo mío es dar Reiki y solo eso, mas no como un “producto correlativo”, como me aconsejó de buena voluntad una gran amiga versada en cuestiones administrativas y de marketing.

Lo mío es la traducción y contar historias “auspiciadas por mi lado Yin”, porque como mortal que soy, “nada de lo que es humano me resulta ajeno”, parafraseando a Publio Terencio Africano.

Lo mío es lo de la aromaterapia, el sonido de los cuencos y todo aquello que está ligado con el mundo de las terapias complementarias.

Lo mío, también  lo admito, es que debo confiar más en mí misma para no verme envuelta nuevamente en ese mundo de vorágine, insaciable por cubrir necesidades ficticias, creada por la diosa Maya -o por si prefieres, por “este sistema“- y por favor, no me malinterpretes, en nada juzgo a quienes disfrutan de ese pasatiempo o “Juego de Maya”, pues también cumple con un propósito divino, siempre y cuando el apetito por la competencia o las ambiciones desmedidas no lleguen a violar las leyes del Orden Cósmico, o el respeto, la consideración y la armonía con nuestros semejantes.

Es muy deseable y válida (y aquí hago alusión a lo que mencioné respecto a la Parábola de los Talentos) la búsqueda de la felicidad y aspirar a la riqueza, (no en vano en la enseñanza Metafísica se nos enseña que existe una cualidad de Dios expresada en el Rayo Oro-Rubí, de la Paz y la Prosperidad o en el Rayo Rosa, del Amor y Provisión Divinos), y a retribuirse para sí mismos los logros y conquistas profesionales.

Es un deseo legítimo en tanto actuemos como magos que transforman las condiciones materiales en este plano 3D para llevar las circunstancias o las cosas a un nivel de ascenso que sirva no para ufanarse de manera ególatra del éxito obtenido, sino para que esté en perfecta armonía con todos y con el entorno.

Una de mis siguientes metas para este año es ya dejar de ser la eterna “aprendiz de Mago”, para lograr la verdadera Maestría, la del Alma. Quienes me conocen, saben que humildemente sí puedo lograr mucho de cuanto deseo, sin embargo, por alguna razón que aún me falta descubrir o desarrollar, no alcanzo a sostenerlo en el tiempo o se me sale de las manos, muy al estilo de Mickey Mouse en “Fantasía”.

Como dije, soy humana y por lo tanto perfectible. Este objetivo ha sido lanzado al mundo… ¿lo lograré? Te lo cuento dentro de 364 días… 😉 ¡Espero que tú también logres los tuyos!!

Bendiciones para este año 2017
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