Mi experiencia con Vipassana – Vol.01

❝Oh, la mente, sí la mente tiene montes,
precipicios a pico de horror,
por nadie son dados❞
— GM Hopkins

Vipassana.ExperienciaTranscurría el año 2006 e iba caminando lenta pero seguramente al precipicio de la depresión. Andaba malhumorada, intranquila, comiendo y llorando a cada rato. Lo bueno era que me aferraba al Ámbito Superior y oraba por las noches para que me otorgara prudencia, o lo que es lo mismo: ECUANIMIDAD o “Anicca” (se pronuncia “Anitcha”), para las enseñanzas budistas, y que me mostrara el camino de mi misión, de mi sentido de vida, es decir Dhamma.

Y así fue que la Vida me envió señales y felizmente supe interpretarlas, me dejé guiar y aquel 27 de diciembre del 2006 al 07 de enero del 2007 viví los diez días más provechosos y significativos en lo que iba de mi destino (luego repetiría el plato años más tarde).

Descubrí mucho y experimenté otro tanto… y es que precisamente de eso se trata Vipassana, un tipo de meditación enseñada por Sidharta Gautama, el Buddha hace 25 siglos. Vipassana es convertirse uno mismo en un observador de su propia mente y cuerpo, tal como lo haría un científico en el marco de su propio Ser.

Y practicar Vipassana fue maravilloso. Terrible, agotador, doloroso… pero maravilloso. Lo más sorprendente fue la comparación que pude hacer entre la yo renegona, cargada de negatividad en mi último día en casa con la mujer totalmente diferente el día que regresé: resplandeciente, totalmente optimista. El cambio realmente se había operado; fue como si hubiera llevado años de psicoterapia condensados en 10 días. Definitivamente me hicieron muy bien esos días de silencio profundo, aire puro y fresco y buena alimentación.

Los preliminares

Cuando llegué al punto de encuentro conocí a algunas personas que me contaron que al igual que yo habían dejado sus casas con cosas pendientes que le causaban desazón. Para quienes realizábamos por primera vez esta meditación estábamos llenos de expectativas, dudas y curiosidad.

Yo estaba enfocada en conocer bien la técnica y abierta a cualquier posibilidad. Admito que no practico con la frecuencia que quisiera. Luego del retiro, durante los diez días siguientes más o menos, me despertaba a mitad de mi sueño sintiendo las pulsaciones o vibraciones que sentía durante la Meditación.

Cuando ya llegamos al lugar del retiro (“Ut congnoscant te”) en Cieneguilla, un apacible rincón rodeado de grandes jardines, árboles y cactus graffiteados, nos dio el encuentro el guapo actor Santiago Magill, vestido de blanco y daba la impresión de ser un joven monje budista. Luego de algunas horas de espera, incluido un temblorcillo ligero y ser parte del bufet sanguíneo de mosquitos y zancudos por fin nos llevaron al comedor y nos dieron la bienvenida con un delicioso “solterito”, plato de la gastronomía arequipeña.

Terminada la cena, nos llevaron a un salón donde nos separaron por géneros y nos dieron las instrucciones finales de cómo se debía desarrollar todo: horario, limpieza de los dormitorios, código de ética, quién tocaría la campana dichosa que nos despertaría diariamente a las 4 de la madrugada y que nos avisaría por igual la hora de las comidas y el momento de apagar las luces y un largo etcétera más.

Cuando terminó Vipassana estuve considerando seriamente en convertirme en una monja budista, ya antes se me había cruzado la idea, pero antes bien lo decía por evasión, quizás, con una mezcla de búsqueda interior. Sin embargo, me encantó tanto ese estilo de vida que por aquella época creí convencida que eso era lo mío. Ahora, varios años después y luego de haber corrido mucha agua bajo el puente, me doy cuenta que se necesita coraje para afrontar la Vida y sus vicisitudes y sorpresas. Me doy cuenta que meditaciones como la Vipassana son una excelente herramienta para conservar la ecuanimidad ante estas. El mar de mi vida podrá tener olas con crestas gigantescas, pero la ecuanimidad es mi tabla de surfear. Incluso estoy enterada que ya actualmente los psicólogos recomiendan este tipo de meditación como terapia. Pero es más que eso, es un modo de ver la vida, un modo de tomar las cosas y vivir el Presente, el aquí y ahora.

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